001 Ruedo ibérico

Además de dar nombre primero a una serie de novelas de Valle-Inclán que proyecta una visión esperpéntica de España, y luego a una prestigiosa editorial en tiempos de nuestra transición democrática, la imagen de un ruedo sirve para iluminar con su foco el escenario político y social de nuestro ibérico país en cualquier tiempo pasado y presente.

España, país de geología abrupta, país minero y bandolero a partes desiguales, que explota las fuentes naturales y las artificiales con gracejo y campechanía. País de toreros. ¿Exageraciones?

La Pepa nos consideraba benéficos. Sin embargo, ya a mediados del siglo XIX, para los responsables de combatirlo, el contrabando era tradicionalmente (y sigue siéndolo) tarea imposible,

si se considera que la España es un país erizado de ásperas montañas; que tiene muchas leguas de costas, llenas de calas y abrigos ocultos para los buques de pequeño porte; que cuenta dentro de él o a sus puertas con grandes factorías extranjeras en continuo acecho para realizar expediciones fraudulentas; y que aun cuando sea doloroso decirlo, abriga muchas gentes entre las cuales el contrabando y el fraude, por una deplorable perversión de ideas, han llegado a ser profesionales

(Exposición de motivos del Real decreto de 14 de junio de 1850),

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 Contrabandistas, dibujo de Gustavo Doré

En esta descripción moral del terruño falta añadir que la piel de toro es sobre todo un ruedo. Porque la represión del contrabando sólo es eficaz “en los países donde no hay tantos hábitos ni tantos estímulos para hacer el fraude como en España” (ibídem, allí mismo, desde el burladero)

Se trata de un estado de ánimo que ha llegado a interiorizarse en el cuerpo social como el saturnismo, una enfermedad causada por la ingestión o inhalación de cantidades tóxicas de plomo que puede matar al enfermo. Napoleón fue una víctima intencionada del plomo, antes de conocerse el polonio disuelto en líquido que usan tanto los espías como los gobernantes que fueron monaguillos antes de frailes.

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El triángulo es una oportunidad de carambola. Porque en la vida no todo son círculos, y aquí sehacenexcepciones… Tomemos, por ejemplo, la de Víctor Freixanes, O triángulo inscrito na circunferencia (1982)

Breve recorrido de prehistórico a posthistórico

Primero fue el círculo trazado a dedo en la arena y delimitado con una simple línea. Dedo y círculo fueron precursores de la rueda, un invento de la madre Naturaleza con el que más estamos en deuda como especie.

Luego el círculo se aplicó a desgranar las espigas de cereal en la era, un espacio necesariamente abierto para que el aire trabajara a favor del campesino. Enseguida, se levantó un corro para retener el ganado recién domesticado, y luego el corral se hizo picadero cerrado para domar caballos o alancear toros indomables.

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Monasterio de Nuestra Señora de Rueda, en Sástago.

La población aumenta y en los poblados se abren calles que, como afluentes, van a dar a la plaza central: un espacio abierto por vías y vicos aunque rodeado de casas de vecinos.

Instalada en ciudades, la gente usa la plaza para comprar en el mercado y disfrutar del espectáculo social y de las distracciones y placeres acostumbrados (lucha de fieras, gimnasios y pruebas deportivas)… La plaza se sofistica con la lucha de ideas que se venía produciendo en la bóveda craneal: sirve la plaza también para reunirse en asamblea política y disfrutar del teatro.

El viejo círculo sigue siendo abierto, porque delimita un espacio público que se cierra sólo por razones de seguridad frente a la fuerza de las bestias de la naturaleza.

Con el paso del tiempo, el círculo no se estrecha, incluso puede aumentar su radio, pero va cerrando sus compuertas para que nada escape de su centro.

En España la gente se reúne en una plaza de toros para ver una corrida.

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Plaza de toros de Almadén. Hexagonal, porque aquí sehacenexcepciones… y porque se hizo así por una buena causa.

El Tribunal Constitucional opina que es un bien cultural protegido por la Ley, pero los catalanes y españoles de a pie podemos convenir que el espectáculo taurino es sangriento. Lo es porque alguien pone la sangre, y otro alguien pone el arte.

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Protagonistas de una corrida goyesca en la malagueña Ronda: matadores, banderilleros y picadores.
Faltan los chulos, luego conocidos como monosabios

Pero hubo un tiempo en que a la gente se la fusiló allí mismo, reunida en una plaza de toros para tan edificante fin. Ocurrió en Badajoz, entre el 14 y el 15 de agosto de 1936, sin duda para celebrar la Asunción de la Virgen María, y al mando del coronel Yagüe.

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Yagüe y sus víctimas. Agradezco la foto (Photoshop incluido) a El Cavaller del Cigne, ciutadà valencià de nació catalana

Su campechano hacer mostró el camino a otros asesinos en masa que, al no disponer de plazas multiuso (para todo tipo de corridas) ni de su benéfico e ibérico carácter, tuvieron que ingeniarse aquellas fábricas tan germánicas y productivas donde entraban personas por una puerta y salían cenizas fertilizantes por otra, incluso por la chimenea. Pero sería injusto olvidar nuevos alumnos tan aventajados que organizaron una acampada de bosnios musulmanes en Srebrenica para acabar con ellos, en julio de 1995.

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¡Qué tiempos, qué costumbres!

No hago burla ni escarnio, sino memoria justificada de las víctimas.

 

Importa destacar que son mujeres quienes traen personas al mundo, las acogen en su seno y las entregan a la tierra cuando no pueden hacer otra cosa que aceptar la muerte impuesta.

 

En tiempos postmodernos, la política se populariza y llega a la arena de la plaza.

Primero actúan los teloneros. El público disfruta el espectáculo con paella y bota de vino a dos manos, y aclama al candidato-matador para transmitirle su cariño. Seguro que mis lectores (porque… ¿hay alguien ahí, verdad?) no necesitan más coordenadas para situarse que este sencillo navegador.

La prueba de que la moral social está intoxicada es que en el test de la corrupción damos positivo, y que en nuestro país se acepta como un fenómeno más de la naturaleza: la gota fría, un tsunami o un terremoto… Pero incluso de estos accidentes somos inocentes sólo por presunción legal, mientras no se demuestre lo contrario.

Hoy seguimos siendo un pueblo espontáneo y supersincero que se dice a sí mismo en las selfies corriendo por las redes sociales: “yo habría hecho igual, si pudiera”.

La corrupción es obra muy humana, pero también obra muy nuestra, de un tiempo y un lugar donde la vivimos y practicamos. Sus efectos son devastadores, pero a su lado el cambio climático es un juego de topillos.

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Topillo de campo

Pero el foco de la actualidad arroja luz y sombras de forma no menos humana e interesada. Mientras se distrae la atención del personal acerca del caso Gürtel con el prusés catalán, éste lleva camino de convertirse en el caso de la mujer asesinadita, pero sin gracia, porque todos pagaremos los destrozos después de la orgía (los instintos de amor y de muerte nunca son gratis)

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Duelo a garrotazos, de Francisco de Goya (1819-1823)

Los monosabios recogieron firmas por las Españas (perdón, que sólo hay una), hasta 4 millones (la décima parte de la población) para cepillar el nuevo Estatuto de Catalunya y de paso barrer las virutas para casa.

Descubierto el afeitao, dos millones y medio de catalanes participaron desde su chiquero en una consulta sobre su futuro político (la tercera parte de los concernidos), y a continuación los aficionados a la fiesta nacional les echan los perros de caza.

La cuadrilla de Fontaneros amaga luego y no da, como corresponde: sólo sexo, mentiras y cintas de video… o grabaciones de audio con las vergüenzas del peón al aire, pero ¡qué importa! El público aplaude la maniobra, y premia al partido con una mayoría relativa más holgada.

A caballo aparece el Cuerpo de Picadores y Picapleitos del Estado, con sus plumas inútiles para el hielo pero muy prácticas para hacer sangre. Agarrado al cuerpo de la Ley hasta ahogar su espíritu, el Cuerpo hace una faena fea y deslucida pero eficaz, y el público corea al matador para darle ánimos contra el Minotauro catalán.

El Alguacil General acusa formalmente ahora a Carmen Forcadell de haber intentado dinamitar el estado de cosas, el Estado. Y lo hacen después que los voceros de la “Gran tarde de toros” hayan publicitado en los medios que la presidenta del Parlament consintió debatir y votar en sede parlamentaria una proposición soberanista… catalana (¡pues hasta aquí podíamos llegar!)

Habría que preguntarse si una mayoría parlamentaria cualquiera puede desaprovechar oportunidades para impulsar el mandato democrático que detenta según las leyes vigentes. No hablamos en Catalunya de mandato social, aún no… porque falta todavía la impagable ayuda del Cuerpo de Barrenadores-Minadores y Zapadores del Estado.

Le tengo gran respeto a este cuerpo porque no sólo minan el terreno sino que también construyen puentes, aunque provisionales, para alcanzar la otra orilla de un río. Echo de menos a esos constructores, porque en su ausencia otros monosabios (que saben una sola cosa) acosan y derriban.

El Presidente de la fiesta ya ha preconcedido una oreja en el mercado de futuros.

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¡Una de oreja!

Pero ¡atención!, que la autoridad aún puede preconceder las dos si el público insiste con sus pañuelos. Las terceras urnas están a punto de convocarse por automatismo, consentidas por el Presidente de la manera que ya nos tiene acostumbrados, sin que se le noten las ganas.

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¡Que sean dos!

Porque ahora es el momento de tomar impulso. Cautivo y desarmado el PSOE, el presidente en funciones Rajoy no está acostumbrado a gobernar en minoría contra una oposición que le hará sudar cada una de sus indecisiones.

La Presidencia no convocará sesión de investidura alegando falta de acuerdo en el patio socialista (y tendrá razón), dejará que se convoquen automáticamente nuevas elecciones (sin mover un dedo, muy en su estilo) y Ciudadanos no superará el tratamiento “tres en uno”.

De acuerdo, antes las terceras eran dañinas para la democracia y para nuestra dignidad española, pero ahora serán su bálsamo para poder formar un gobierno fuerte. Caso cerrado.

Nuevo redoble de atención.

Los antiguos griegos dedicaban hecatombes de animales para que el olor de la carne a la brasa alcanzase las divinas pituitarias allá en las alturas.

Hoy corremos el riesgo de cebar las napias del público con aromas de Montserrat a la parrilla, en un  intento de aborto mediático y jurídico del soberanismo catalán.

Como un mal médico o un mal veterinario, el Gobierno equivoca el diagnóstico e intenta atajar los síntomas (desorejando a la víctima) en lugar de las causas. Aplica un tratamiento que no cura el mal, sino que lo aumenta mientras da gusto al estómago. Y lo que no mata al enfermo, le hace más fuerte. Nunca es tarde para rectificar haciendo política y pedagogía del interés común, un interés mucho más íntimo pero transferible entre seres vivos que el interés general.

Pedagogía es palabra muy manida en política, precisamente para pervertirla. Sin embargo, cuando intervengan los mulilleros la convivencia estará echada a perder.

¡Buena tarde de toros!

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En el umbral de la eternidad, obra de Vincent van Gogh (1890), en Museo Keöller-Müller.

Mientras la fatídica hora llega, perdamos el tiempo leyendo una escena de toros grotesca, es decir, que emerge de la gruta donde el hombre alimenta sus fantasmas: vida y muerte, en sus manos.

“Grotesco: presencia de lo mítico en un contexto no mítico o moderno” (Estrella de Diego, Travesías por la incertidumbre, 2005)

 “Traen ahora unas figuras de barro pintadas, de mayor tamaño que el natural de hombres citando, alzados los brazos, las ponen en medio del campo, […] y en ese instante salen del corral dos toros que, pasmados, asoman a la plaza desierta, sólo aquellos fantoches con los brazos alzados y sin piernas, redondos de panza, y pintados como demonios, en estos vamos a vengar todas las ofensas, y los toros embisten, revientan los muñecos de barro con sordo estruendo, y de dentro salen decenas de conejos despavoridos, corriendo disparatadamente, perseguidos y muertos a porrazos por los capeadores y otros hombres que saltaron a la plaza, un ojo en el bicho que huye, otro en el bicho que embiste, mientras el pueblo ríe, con carcajadas estentóreas, de gente excesiva, súbitamente cambia de tono el clamor, porque, de otros dos muñecos de barro, ahora despedazados, salen restallando las alas bruscamente bandadas de palomas, desorientadas, heridas por la luz cruda, algunas pierden el sentido del vuelo, no consiguen ganar altura y chocan contra las gradas, donde caen en manos ansiosas, no tanto con mira al saludable pellizco que es el palomo estofado, sino para leer la cuarteta que va escrita en un papel atado en el pescuezo del ave, como son éstas por ejemplo, […] Aquí me trae mi pena, con bastante sobresalto, porque quien vuela más alto, a más caída se condena […] Vengo escapando a tumbos, de quienes quieren matarme, que aquí, al igual que los toros, también las palomas mueren, pero no todas, que algunas abren vuelo circular, escapan a la vorágine de manos y gritos, y suben, suben, logran batir alas, cogen altura hasta la luz del sol y, cuando se alejan por encima de los tejados, son como pájaros de oro” (José Saramago, Memorial del convento, 1982)

Compárese la fiesta de sangre en la arena con la alegría de luz en el cielo. Embestidas, topadas, aleteos, manos… Lisboa, siglo XVII. El cielo se llena de vida…

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